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PEDAGOGÍA - FILOSOFÍA

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Educación y cultura en el contexto de la "globalización"

EDUCACIÓN Y CULTURA EN EL CONTEXTO DE LA “GLOBALIZACIÓN”

Carlos M. Lozada Ch.

 

Este artículo es una respuesta a la inquietud por encontrar una alternativa diferente frente a los sistemas culturales generados por el capitalismo neoliberal. Se presupone la imposición cultural, como constante en la historia de la humanidad. Buscando hacer claridad sobre dicha imposición, que se trata de hacer hoy desde la retórica de la “globalización”, se llega a plantear la tesis de: asumir la pedagogía y el quehacer educativo como instrumentos necesarios para enfrentar el sistema cultural, supuestamente, impuesto en el mundo actual.

 

Se afirma, que la hegemonía de una cultura sobre las otras es un hecho innegable. Entendiendo por hegemónico algo que posee superioridad sobre todo lo demás; es decir, un principio rector unificador de todas las partes, una realidad que hace posible la unidad y asegura su mantenimiento. Desde esta perspectiva se puede afirmar, que la historia de la humanidad se ha desarrollado en un contexto vital, donde predominan dos clases sociales: dominados, que son los obligados a aceptar la “superioridad” de una ideología cultural; y dominadores, quienes imponen –desde la retórica y la coacción- su cultura sobre los demás. Se considera, que esta identidad social se ha impuesto principalmente a través de lineamientos pedagógicos y del quehacer educativo, que asumen las sociedades.

 

Para tener mayor claridad en los planteamientos que se están presentando, es necesario referirse a los argumentos que sostienen la concepción de cultura. Se asume la cultura desde la reflexión filosófica, que en principio, la considera como distinta al mundo de la naturaleza. Lo civilizado -entendido como cultura en  el contexto grecolatino- entra en controversia con lo natural, al momento de asumir la realización de la felicidad en el ser humano dentro de la vida social. Es decir, que la cultura implica un juicio de valor cuando se elige lo conveniente o inconveniente para la vida. En una perspectiva más moderna, se asume la cultura como algo diferente a lo natural, porque no es innata, nacida con el sujeto humano, sino es adquirida mediante un proceso regido por un supuesto valor para la existencia. Así, la cultura es entendida como lo propio del mundo de las personas, que abarca lo natural y lo trascendente espiritual. De este modo, la cultura obedece a razones y juicios de valor, que son adquiridos, para la realización de la persona humana. Entonces, la cultura se identifica con concepciones e ideologías de lo valioso y del ser humano, que se imponen en una sociedad.

 

Hoy la cultura de “globalización” es, con toda su retórica, la que trata de imponerse. Debe entenderse, que la globalización no es un fenómeno reducido sólo a lo cultural. Frente a esta situación, las alternativas diferentes y de oposición parecen caer en sus opciones y sus modos de proceder tradicionales. Los paradigmas y la ortodoxia en la práctica, de las opciones culturales contrarias a la ideología de globalización que impone Occidente, hacen que dichas teorías se presenten como aptos que tienen muy poco aporte o novedad frente a la pretendida hegemonía occidental que se quiere establecer en el mundo actual.

 

Al momento de buscar la transformación del contexto vital desde opciones culturales contrarias a la ideología que trata de imponerse, en este caso la “globalización”,  es imposible negar los fundamentos y principios de las teorías oponentes, reconocer el aporte y sostenimiento que dan los paradigmas para generar ideologías culturales disidentes. Pero, no se puede seguir asumiendo una práctica ortodoxa de las teorías contradictorias al sistema que se quiere imponer. Es prioritario desarrollarlas desde una perspectiva dialéctica-deductiva. El aporte de la dialéctica no puede dejarse de lado ya, que dinamiza y genera la vitalidad de una teoría. Aplicando esto a la problemática que se analiza, es lógico decir, que encontrar la “razón de ser” y el aporte real –de las ideologías contrarias a la “globalización” -, obliga a asumir y superar contextos históricos, donde la teoría, aparentemente, no logró –en la práctica- la transformación del contexto vital que enfrentaba. Esto, lleva a plantear el alejamiento de la “ortodoxia” y el desarrollo o superación de paradigmas de las teorías que criticaron, desde su origen, los fundamentos de la hegemonía que pretende implantar la “globalización”. Se propone una re-lectura, a la luz de los hechos actuales, de las ideologías culturales que se opusieron y se oponen a la “globalización” pretendida por “Occidente”.

 

Es importante anotar, que por “globalización”, pretendida por Occidente, se está entendiendo el proceso de colonización mundial que emprendieron las naciones ricas de Europa desde el inicio del capitalismo. Este proceso implica la imposición de una hegemonía cultural, que hoy está representada en la sociedad de los Estados Unidos y, de manera diferente, en Europa que también plantea su globalización: EEUU en términos de su soberanía-hegemonía; la U.E. en términos de la panunión de países, promoviendo la unificación de América Latina. Frente a la pretendida hegemonía cultural de este tiempo, fundamentada en teorías económicas de “derecha”, no se puede seguir asumiendo una práctica “ortodoxa” de las teorías que se opusieron y se oponen al desarrollo del capitalismo. Es necesario aplicar la dialéctica para evidenciar la “vitalidad” de las teorías de izquierda. No se pueden seguir re-afirmando concepciones y procedimientos, que obedecieron a contextos históricos y geopolíticos, ajenos a las situaciones particulares del acontecer en el presente.

 

En el contexto mundial actual, la retórica de la “globalización” hace suponer que se debe enfrentar la problemática cultural sólo desde las disertaciones conceptuales y la argumentación. Esto, porque la forma como las personas asumen una visón y concepción del mundo está siendo manipulada por las dos sociedades, que buscan imponerse a través de dicha retórica: E.U. y la C.E. Se pretende plantear la relación con la cultura como un problema reducido al conocimiento. Frente a esto, se debe afirmar que el problema central es el ser humano, no el conocimiento en sí. Hoy, conocer por conocer, carece de sentido, la humanización del hombre debe ser el principio fundamental de todo proceso donde esté involucrada la persona, sobre todo en la cultura y el conocimiento. El proceso de humanización implica aprehender y construir a la persona, reconocer que las supuestas “verdades absolutas” sobre la historia de la humanidad carecen de sentido en la realidad y el desarrollo de los sujetos, la construcción y consecución de la realización humana es una búsqueda -dialéctica- abierta a la novedad de la historia.

 

En los últimos dos siglos, las opciones diferentes que se han venido asumiendo frente a la propuesta de hegemonía cultural capitalista -expuesta hoy en la retórica de la “globalización”- están fundamentadas, principalmente, en las investigaciones teóricas de izquierda. La “globalización” no es sólo retórica, va más allá, implica una realidad, y la oposición es frente a esto último: el acontecer mundial y la información que manipulan los medios, los hechos de homogenización y la imposición hegemónica de la cultura. Sin embargo, la praxis de las teorías oponentes -sobre todo las que están afianzadas en la ortodoxia- parecen estar lejos de alcanzar propósitos concretos y trascendentes. Es decir, hay la exigencia de un respuesta inmediata, concreta y transformante del contexto vital en el mundo de hoy. No se trata de asumir una opción pragmática y utilitarista, fundamentada en el relativismo. Es de resaltar, que hay principios, en la humanización y en concepciones fundamentales de las teorías de izquierda, que son el soporte de las opciones opuestas a la retórica de la “globalización” y su búsqueda por imponer el capitalismo.

 

Como se afirmó anteriormente, la búsqueda por imponer una hegemonía cultural está dada, principalmente, desde la educación. Es desde esta perspectiva, que se puede entrever la aprehensión de la cultura como fundamento para el actuar del individuo en la sociedad. Es decir, que  la imposición de una hegemonía, también es posible a partir de la retórica y el aprehendizaje. Entonces, aparece la posibilidad de considerar que es por medio de mecanismos pedagógicos y educativos por donde se pueden asumir y generar las propuestas diferentes a la cultura dominante. Es decir, que en el mundo de hoy, la pedagogía y el quehacer educativo tienen que ser considerados al momento de oponerse a la cultural de la “globalización”.

 

A partir de lo enunciado se considera, que no se puede seguir identificando a la pedagogía y la educación como espacios reducidos a la construcción de enormes monumentos teóricos e ideales, donde únicamente se motivan las disertaciones “innovadoras” sobre el conocimiento, que no asumen el problema cultural en sí: el ser humano. Se tienen que asumir estos ámbitos como espacios privilegiados para la construcción de una cultura, conciente del contexto vital donde se está generando, y a la vez con capacidad concreta de transformación en dicho contexto.  Por lo tanto, se propone la construcción de una pedagogía que busque -sin ningún temor- imponer una nueva hegemonía mundial, generada desde un quehacer educativo que establezca una nueva legitimidad y una forma del poder político en el orden mundial contrarias a lo históricamente establecido, fundamentadas en las teorías de izquierda y en las concepciones dialécticas de humanización del ser humano.

 

Es importante anotar, que la identidad de la pedagogía se está entendiendo como el método y el procedimiento del quehacer educativo. Mientras, que la educación es asumida como el conocimiento de las situaciones concretas y de los medios que pueden emplearse para la investigación de las mismas; además del sentido y la reflexión sobre los logros que la educación puede tener. Esto, conlleva el problema de relación entre el desarrollo individual y el aprendizaje de la cultura. Desde esta perspectiva, se entiende el papel protagónico de la educación al momento de generar una nueva cosmovisión y un nuevo orden mundial.

 

La “grandes civilizaciones” siempre se han formado para ser hegemonía “mundial”  -hoy están tratando hacerlo los E.U. y la C.E. a través de la globalización- mientras, que las sociedades sometidas sólo han sido vistas, por aquellas, como las que aceptan las ideologías dominantes, son “obligadas” a educarse en la dependencia y el temor por el poder: se les obliga aprehender que el poder y la riqueza son inmorales; al tiempo, que se les orienta hacia la admiración y el sometimiento del que tiene el poder y la riqueza.

 

Dentro de este contexto vital, que se describe, y asumiendo los planteamiento hechos, se vuelve un imperativo ético el desarrollo de un nuevo modelo pedagógico, que genere un quehacer educativo, capaz de orientar un proceso de búsqueda y consecución del poder, para establecer una hegemonía cultural contra-diciente a la ideología occidental – capitalista, que se ha tratado de imponer en los último tres siglos que vive la humanidad. Se trata de desarrollar una educación para gobernar, contraria a un quehacer educativo desde y para “competir”. La educación en “competencias” mínimas -fundamento pedagógico educativo actual- debe ser superada y transformada a partir del fortalecimiento de la crítica y al actuar humanizante: la responsabilidad para construir la historia debe tenerse como fundamento, abriéndose a la novedad y no cerrándose a la supuesta “seguridad” de lo establecido. Se debe dejar de lado el sometimiento a los sistemas hegemónicos del capitalismo, es necesario alejarse de la resignación ante el hecho de no ser “potencia mundial” o “país del primer mundo”: educar para “competir”, como ciudadano mundial de tercera categoría, es sólo sobrevivir, acomodándose a un sistema de vida infrahumano, que produce beneficio sólo para los “poderosos” dueños del capital.

 

 

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