PEDAGOGÍA - FILOSOFÍA
¿PUEDE SER LA FLEXIBILIDAD EN EL CURRÍCULO SER INFLEXIBLE?
Para comprender la idea central, que plantea Mario Díaz, sobre la Flexibilidad de la educación superior en Colombia es fundamental investigar la evolución histórica de dicho proceso en el currículo universitario.
La flexibilidad del currículo se ha generado buscando pertinencia y cualificación en los procesos educativos de los profesionales. Esto ha obligado a reorganizar las gestiones y las estructuras pedagógicas - administrativas en las instituciones de educación superior. Este proceso no es inédito en la historia del quehacer docente, ha sido una constante permanente a lo largo de la historia educativa.
Es importante anotar que el proceso en mención siempre ha buscado responder a las necesidades económicas en un contexto vital determinado. Esto ha sido el principio orientador, para cualificar la formación en el saber profesional. De tal modo, que las necesidades económicas han sido las que han obligado y determinado la restructuración de los conocimientos, acciones, competencias y sentido de los profesionales.
Dentro del contexto que se viene describiendo, se comprende que la cualificación del quehacer universitario pasa por problemas y cuestionamientos, que aparentemente la sociedad le exige solucionar; pero es muy importante resaltar, que dichos problemas no son específicamente de la sociedad, son problemas determinados por la economía, propios de este quehacer. De tal modo, que las investigaciones y procesos de enseñanza-aprendizaje en las universidades han llegado a soluciones teóricas de carácter económico, ajenas a las problemáticas en sí de la sociedad. Pero, que han sido -aún siguen siendo- el criterio para “certificar” a las universidades como instituciones de calidad.
Por esto se afirma, que toda reforma curricular ha obedecido a los proyectos macroeconómicos. Es decir, en la universidad, el currículo ha sido determinado para investigar las solución a los problemas, que supuestamente son de la sociedad; pero, en realidad han sido generados por la macro estructura económica (para el caso contemporáneo: globalización de la economía liberal), la cual ha necesitado soluciones para mantener su vigencia. Por esto, el modelo económico ha utilizado -aún lo sigue haciendo- la investigación y los procesos de formación profesional; ha obligado a la formación profesional a reestructurarse desde y para la búsqueda de soluciones que garanticen la hegemonía de un modelo económico macro estructural, además ha impuesto que se oriente al sujeto social hacia tal condición.
Por lo antes mencionado se concluye, que una acreditación de calidad universitaria está determinada y condicionada por garantizar la solución a los problemas de hegemonía que tiene un modelo económico. De esto, se desprende que la academia ha confundido las necesidades de los modelos económicos, con todas las necesidades que padece una sociedad. Se ha alejado de soluciones reales que permitan superar todos los padecimientos sociales. Esto permite comprender, porque el quehacer universitario está alejado de la sociedad donde se desarrolla.
Supuestamente las soluciones generadas dentro de proceso de enseñanza – aprendizaje que se da en la formación profesional han sido para el beneficio social. Es decir, la academia no ha respondido a los desafíos socioculturales de un proyecto social en sí. Estos desafíos los ha comprendido sólo condicionados por los intereses de un modelo económico. Se ha limitado a responder a dichos intereses y ha descuidado las otras categorías y ámbitos sociales.
Es decir, el estamento que administra a la sociedad ha impuesto los intereses de un modelo macro económico, como los problemas fundamentales para ser resueltos en la formación de los profesionales. Así, la evolución histórica del currículo universitario ha carecido de una visión universal de los problemas sociales, sólo ha obedecido a la investigación y posterior solución de problemáticas que le ha planteado la clase social dominante, ya que se ha considerado, que el fin último del quehacer profesional se comprende sólo dentro de un ámbito social: el económico. De tal suerte, que tener buenos resultados, como profesional, dentro de un modelo económico establecido es garantía de cualificación universitaria.
Entonces, se ha tratado de reafirmar el modelo económico como la garantía de calidad profesional, no se ha formado para cuestionar el modelo como verdad absoluta, se presupone que el modelo impuesto es incuestionable, que lo único viable es perfeccionarlo corrigiendo sus errores. Pero, ¿por qué es posible que un profesional se forme cualificadamente sin la posibilidad de cuestionar científicamente un modelo económico? ¿la cualidad profesional está sólo limitada al éxito económico dentro del macro modelo establecido, como el de la globalización del liberalismo económico? ¿cómo es posible que la cualidad de un profesional esté en contra de la transformación? ¿cómo hacer realidad una investigación científica que no se orienta hacia el cambio? ¿cuál es la calidad de un profesional que sólo se limita a corregir errores de un modelo económico y se olvida, por completo, del cuestionamiento de dicho modelo como verdad absoluta? ¿es posible cualificar a un profesional que se olvida, por completo, de buscar la posibilidad científica para transformar y cambiar los modelos económicos como garantía de comprender la realidad social en su conjunto?
Considerar a la academia como la herramienta, que ayuda a la solución de los problemas que tiene un modelo económico para lograr su hegemonía absoluta, ha permitido comprender dos reflexiones muy importantes para la vida social. La primera, es saber que la clase dominante impone sus intereses de clase, a través del ejercicio de la administración del poder público y; segundo, que dentro del contexto antes mencionado, la certificación de calidad profesional es ajena a los problemas sociales en sí, ya que se ha limitado a buscar el éxito económico del científico profesional, incapaz de orientar su interés hacia la transformación y el cambio del modelo económico como garantía de solución a todos los problemas que padecen cada uno de los sujetos sociales.
Dentro del contexto histórico que se viene describiendo, la dimensión sociocultural se ha condicionado a la reafirmación de una hegemonía económica de consumo como expresión de libertad.
El planteamiento de la clase dominante, que administra a la sociedad, ha hecho que el currículo de la universidad se aleje cada vez más de los padecimientos de las mayorías de sujetos sociales. Su responsabilidad ha estado centrada en solucionar cuestiones de un modelo económico como expresión sociocultural idealizada. Por esto ha desaparecido la libertad curricular, para desarrollar la investigación científica en favor de proyectos sociales alternativos, diferentes al que han impuesto. Los cuestionamientos han sido para comprender la realidad existente o para mejorar el proyecto establecido. Pero, no se han fundamentado en comprender científicamente la realización concreta de un macro modelo económico diferente al impuesto. Ha sido casi imposible plantear la formación profesional como respuesta a satisfacer las necesidades de las mayorías, desfavorecidas por el modelo imperante, que componen una sociedad. Este desafío ha sido la constante histórica, aún no resuelta, dentro del actual modelo de certificación de calidad universitaria.
También, es innegable y evidente que la universidad siempre ha respondido a intereses. Esto ha sido posible por la dimensión y división del trabajo, que ha condicionado al sujeto humano dentro de una sociedad determinada. Como lo expresa Habermas en su Teoría de la acción comunicativa, cuando asume el saber como un contexto de acción; cuando propone la comprensión del conocimiento como la dimensión del acuerdo desde la racionalidad, que la identifica con la investigación de problemas y soluciones, lo cual le permitió definir a la educación en torno al poder y al gobierno. Estos dos son fundamentos propios del quehacer curricular. Por lo tanto, la calidad profesional no se puede limitar al éxito económico, que está condicionado sólo a la posibilidad de amasar más fortuna para mantener en sus posesiones a quienes han manejado, y quieren seguir dominado, el poder y gobierno.
La universidad colombiana no es ajena a las condiciones curriculares que se han criticado. A lo largo de su historia, ha sido una constante asumir la construcción y generación de conocimiento, como respuesta-solución a los cuestionamientos-problemas, generados desde los intereses económicos de un grupo social dominante. Las respuestas se han venido dando como soluciones teóricas, cognitivas y prácticas para el desarrollo de la hegemonía de una clase social favorecida, por el ejercicio de la administración del estado. Es decir, la construcción de conocimiento, como generador de soluciones, ha sido la constante: en teoría se han dado respuestas a problemas y en la práctica se ha mantenido el desarrollo de un modelo hegemónico. Esto es lo que condicionado la calidad del ejercicio profesional: aplicación práctica de la solución teórica, producida por la investigación científica condicionada por las necesidades para mantener una macro estructura socioeconómica excluyente. Si se han dado soluciones a problemas de las clases menos favorecidas, ha sido porque se han desarrollado las soluciones a los intereses de la clase dirigente.
Las propuestas académicas disidentes con el modelo curricular predominante han sido frenadas violentamente, antes de lograr su concreción en los contextos sociales. El veto y la muerte han acompañado al ejercicio docente universitario. Así, se evidencia el carácter sofista de la academia.
A finales del siglo pasado, el currículo en las universidades se ha cuestionado. Se ha venido diciendo que la academia no ha estado respondiendo a las exigencias (a los problemas) que le ha impuesto el tiempo contemporáneo.
Bien sabemos que gran parte de las instituciones de educación superior en Colombia son tradicionales, centradas en la formación profesional, con un desarrollo muy bajo en la investigación científica y tecnológica, enclaustradas en las estructuras rígidas de las disciplinas y profesiones, con lazos muy débiles con las comunidades académicas y científicas internacionales, llenas –en algunos casos– tanto de unidades académicas como de currículos aislados los unos de los otros y con muy pocas fuentes de recursos que inhiben sus planes y proyectos de desarrollo. Estos rasgos conducen al desarrollo de una cultura institucional que poca importancia presta a los resultados de su quehacer.
…Todos estos interrogantes nos deben conducir a revisar el mapa organizativo y cultural de las instituciones de educación superior colombianas, sobre el cual descansa su misión y visión. Éstas requieren relanzar su identidad, recontextualizar su pasado, convertirse en instituciones prospectivas, que ganen autonomía, que participen críticamente en todas las esferas de la sociedad y en sus cambios, capaces de evaluar sus insumos pero también sus resultados.
El discurso de la modernización ha venido siendo la constante en el supuesto nuevo derrotero del currículo universitario. En dicho discurso se ha desconocido todo un proceso histórico de innovación curricular, generalmente disidente del modelo que se impone a través de la administración del ministerio público. Todas estas formas de hacer colectivos académicos de investigación científica no se han tenido presentes. Se sigue insistiendo en las propuestas que se imponen desde la administración, ajena a la academia y sujeta a intereses de clase que no comprende toda la problemática social.
Dentro de la concepción que ha expuesto Mario Díaz, tomada desde su Flexibilidad y educación superior en Colombia, existe una clara tendencia a presentar una concepción, curricular como común y única, para todo proceso cualificado de la formación profesional: la flexibilidad como sustento del éxito práctico en un modelo económico. Esta concepción se ha ido consolidando ideológicamente como la garantía de calidad, que acredita a la universidad dentro de los estándares globales. Así, dicha flexibilidad, se ha convertido en la adaptación de la universidad al proceso de globalización económica liberal, ha pasado a ser el criterio común y universal de la calidad académica.
Nuevamente, los intereses económicos de los dominantes han sido una constante dentro de la restructuración académica. El crecimiento de capital a escalas globales ha hecho que el problema de la educación, junto con el del currículo educativo, se encuentre dentro de dimensiones internacionales. La formación profesional ha dejado de ser un problema nacional y ha pasado a la acreditación global. Por esto, la definición de flexibilidad curricular se ha convertido, desde la ideología de la globalización de la economía liberal, en el criterio fundamental de la academia. La categoría de “competencia” desde un modelo económico, que se ha presentado como condición de calidad científica y pedagógica, esconde el interés por mantener el desarrollo del modelo económico global: el liberalismo. Esta condición en la formación universitaria ha sido bastante cuestiona.
Mediante la contraposición entre lo tradicional y lo moderno, propia de las mesoideologías de la modernización y la neo-modernización, la universidad liberal que hemos conocido hasta ahora es relegada a un pasado que debe ser superado, en virtud de la adaptación funcional y acrítica al presente de la globalización. Las características de la universidad liberal: la búsqueda de la excelencia académica, la autonomía y la libertad como núcleos de la actividad universitaria, la profesionalización de la actividad docente, la preponderancia de la investigación básica, los mecanismos participativos de gobierno o el control de la producción cultural del conocimiento por parte de las comunidades académicas son cuestionados total o parcialmente o enviados al cuarto de San Alejo (8). En contraste surge la idea de una universidad pragmática y flexible, encargada de formar coyuntural y continuamente para la resolución de problemas concretos, de acuerdo con la demanda en el mercado del saber, donde los docentes deben responder a una formación esencialmente técnica del conocimiento, la investigación debe ser el producto de la relación directa con el sistema productivo privado, la participación debe ser convertida en un privilegio de las elites tecnocráticas o las oligarquías académicas, y el control de la producción cultural del conocimiento debe ser asignado a "la sociedad", entendida ésta como la combinación entre quienes ejercen el poder económico y quienes ejercen el poder político.
Estaríamos entonces asistiendo al nacimiento de la nueva universidad. Una suerte de fábrica del conocimiento útil, coyunturalmente flexible de acuerdo con la demanda, funcional y acrítica, evaluada permanente en términos de su eficacia y rentabilidad económicas, y orientada a integrar los ámbitos locales y regionales al mercado global.
La “flexibilidad”, como ideología de lo más común y único, ha pretendido que la práctica sea la respuesta para desarrollar una universidad capaz de comprender y responder a los problemas de toda la sociedad, como continuidad del sofisma en la formación científica, que pretende establecer los problemas que tiene el modelo económico como problemas de toda la sociedad en su conjunto.
Además, la “flexibilidad”, vista desde la ideología neoliberal, tiende a reducir la formación y el ejercicio profesional a lo práctico, descuidando la dimensión teórica. La generación del conocimiento se encontraría limitada y mutilada de las categorías de investigación para descubrir leyes científicas, categorías innegables de todo proceso pedagógico de calidad.
A lo largo de las últimas reformas académicas-administrativas se le ha quitado a la universidad la capacidad para la generar conocimiento. Esto se ve desde el recorte presupuestal a las universidades públicas hasta el manejo de docentes por hora cátedra en la universidades privadas. Entonces, se está reduciendo a la universidad sólo a la práctica del conocimiento. Se está imponiendo un método escolástico tradicional: comprobar “verdades” producidas por otros.
De este modo, se ha reflejado una contradicción y un sofisma en la “nueva propuesta”, ya que se ha afirmado que: “La educación superior produce formas de identidad académica y profesional que dependen del conocimiento académico seleccionado, organizado y distribuido que en una u otra institución circula o se reproduce… La cultura que transmiten las instituciones de educación superior tiene… una relación directa con las formas de distribución del conocimiento”; y, sin embargo, se ha reducido la autonomía en la producción del conocimiento, sobre todo por el lado de limitar los recursos económicos:
Hoy, cuando las universidades, sobre todo las públicas, deben responder con cada vez menos recursos a las innumerables demandas sociales, están casi en la obligación de construir alternativas que garanticen su existencia, desarrollo y proyección. En este sentido, con base en la autonomía que les ha sido delegada, deben generar estrategias flexibles de desarrollo que les permita lograr una real autonomía y, de esta manera, mayor independencia.
De este modo se ha dado por hecho, que el problema de la universidad obedece a intereses económicos internacionales (los presupuesto económicos en las universidades se fijan por leyes de mercados internacionales, no para solucionar problemas nacionales). Así, la “flexibilidad” ha obedecido a la búsqueda de recursos económicos, descuidando el desarrollo científico. Se le ha convertido en un instrumento para desarrollar prácticas de competencias de mercado dentro del quehacer educativo.
Esto se puede percibir en el manejo de presupuesto que depende, según las reformas que se vienen dando, de los resultados que logren las investigaciones científicas que se desarrollan en la universidad. Es decir, por un lado, la investigación científica se ve reducida a resolver los problemas que les propone el modelo neoliberal, problemas que se encuentran en el mercado y; por otro, se limita sólo a investigar soluciones para dichos problemas, el conocimiento no cuenta en sí: la universidad está obligada a vender servicios para poder obtener mejor presupuesto. Un ejemplo muy interesante es el manejo de los post-grados. A estos se les viene invirtiendo más en infraestructura, ya que rinden mayores dividendos para todas las universidades. Simple lógica mercantil, que considera, que hoy por hoy, se necesitan -según lo indica el mercado global- más especialistas. De este modo, se está descuidando toda la formación básica y fundamental del ejercicio profesional, que es el pregrado. Así, se puede comprender la baja calidad de los trabajos en investigación en los profesionales; sin embargo esto no cuenta, ya que se está obteniendo mejores resultados en los presupuestos que responden al auto sostenimiento de las universidades.
En el contexto que se viene describiendo, la flexibilidad curricular, como herramienta facilitadora para la introducción del saber innovador, no convencional y distinto al establecido que transforma y cambia el modelo tradicional, aparece totalmente transformada por la ideología económica-política neoliberal. Es decir, que con esta concepción se ha condicionado al currículo, dentro de la ideología de competencia capitalista, obligando a hacer de la flexibilidad curricular un sofisma, ya que este modelo económico la asume como un conocimiento (información), para el desarrollo práctico de una profesión: una forma de generar instrucciones. Dentro de esta ideología la flexibilidad curricular se convierte en “flexibilidad” para un diseño instruccional.
A manera de conclusión. La flexibilidad en el currículo, ha tenido categorías fundamentales e indispensables para una universidad de calidad. Esto se pude pervivir desde las categorías prácticas, propias de la flexibilidad, que han generado el deseo de responder a problemas sociales; darle vitalidad a un modo de enseñanza-aprendizaje de acuerdo con su momento histórico; propiciar “un cambio en el discurso y en las prácticas institucionales”; desarrollar la identidad de la universidad al recontextualizarla; exigir una investigación sobre el ser -la filosofía- de la misma universidad, entre otros aspectos.
También, dentro del las categorías teóricas que implican la flexibilidad, no se puede suponer que dicha teoría es ajena a una macro estructura socio-económica. La flexibilidad siempre se ha entendido como herramienta para generar y desarrollar cambios en la organización del proceso enseñanza-aprendizaje, pero esta acción no puede ser ajena al contexto vital donde se desarrolla el acto pedagógico, ya que la flexibilidad es la herramienta que pretende adaptar el currículo a las necesidades propias de una sociedad, rompe con la rigidez y el positivismo científico, responde a las necesidades de todas las clases sociales. Por esto no puede ser desarrollada sin tener presente la ideología socioeconómica donde se genera el plan curricular. Se trata de saber si, desde lo flexible, se debe transformar, cambiar o mejorar la macro estructura social donde evoluciona la vida humana sujeta a un modelo económico.
Esto es precisamente lo que le falta a la concepción de flexibilidad de la educación superior, expuesta por Mario Díaz. Para tener mayor claridad de la última idea, si asume la concepción de flexibilidad, que expone Peter McLaren, algo marginal, pero conocida y defendida por muchos. Esta concepción tiene su punto de partida en la crítica al pragmatismo, que viene siendo la tendencia impuesta por el modelo económico global, dentro de la evolución histórica del currículo. Es el pragmatismo, quien no ha opacado del todo las críticas al sistema neoliberal como modelo económico caduco, ha reorientado la educación hacia la “creación ilimitada de mercados de mano de obra barata altamente especializada para que los capitalistas puedan mantener una tasa de ganancia muy alta y competitiva”. Por medio de esta tendencia se alcanza a comprender la falta de interés por el cambio y transformación social en los profesionales. Es la tendencia en cuestión la que no ha permitido –aún no lo hace--, que no se pueda publicar, difundir, ni desarrollar, con eficiencia, las críticas al modelo neoliberal que se han venido generando dentro del sistema educativo contemporáneo.
McLaren considera, que la concepción de trabajo utilizada por el neoliberalismo, se ha utilizado como arma teóricas contra los docentes. La fuerza de trabajo es la que va ha determinar la aprobación o transformación del modelo económico, sostenido a través de una macro estructura social. Es por esto que el sistema educativo pasa a ser determinante a la hora de “educar” dicha fuerza. Para, el autor que se viene citando, educar para mantener el salario como única posibilidad de reconocimiento a lo laboral, es educar a la sociedad en el fortalecimiento del sistema capital. Por lo expuesto se comprende la importancia de desarrollar el proceso pedagógico cimentado desde bases políticas alternativas y diferentes al modelo imperante.
La concepción de flexibilidad busca que el conocimiento científico se convierta en herramienta de transformación, por esto son importantes los saberes comunes “populares”. Dichos saberes deben ser recocidos con validez científica dentro del contexto curricular y de la ciencia.
Es decir, que una flexibilidad en el currículo implica el reconocimiento del saber científico y popular, que se oriente hacia la formación crítica y transformadora de los modelos económicos y hacia el cambio de las macro estructuras sociales, que deben favorecer el desarrollo de la dignidad y la existencia plena del ser humano dentro de una sociedad libre y emancipada de una hegemonía económica absolutista y, por lo tanto, absorbente de toda la fuerza de producción y desarrollo del sujeto social.
No se puede seguir asumiendo de forma acrítica, la reducción de la flexibilidad curricular a la formación en competencias de mercantilismo laboral. Esta concepción no es la única ni la más común. Es fundamental rescatar una dimensión dialéctica del quehacer curricular en la universidad. Es vital no perder parte de la historia de la filosofía de un profesional en la modernidad: educarse en la generación del conocimiento-práctico, no limitar el conocimiento a la práctica laboral.
La “práctica” no ha sido lo fundamental ni lo único en la historia de la formación profesional. También, esta ha obedecido la búsqueda de soluciones teóricas, probadas en laboratorios, que se desarrollarán en la práctica profesional. El profesional se ha educado en la investigación metodológica y sistemática de los problemas, para darle solución produciendo teorías -conocimiento científico-, que desarrollará en su ejercicio profesional. Es decir, su cualificación como profesional ha radicado en la solución de problemáticas y la aplicación-desarrollo de las soluciones encontradas. No se puede desconocer la historia al momento de generar reformas.
La flexibilidad, entendida como herramienta ideológica del neoliberalismo, no ha dado respuesta a todos los problemas que padece la sociedad, sólo ha servido para mantener una macro estructura social, bastante cuestionada. Sólo ha seguido viendo un ámbito de los problemas (la globalización) como la dimensión universal de los problemas a los que debe responder la universidad. Entonces se ha evidenciado una restructuración dialéctica, que desarrolle una filosofía de la ciencia con dimensiones vinculantes universales, no excluyen desde la imposición de lo más común y único. Es necesario asumir la concepción de flexibilidad en currículo desde las prácticas pedagógicas, que ven en ella la posibilidad de romper paradigmas y profundizar en la evolución de las prácticas transformadoras, desde la enseñanza – aprendizaje de la mano de obra hasta el desarrollo intelectual propiamente dicho.
Carlos M. Lozada Ch.